Testimonios de los SS.PP. y de Insignes Escriturarios
 
30. No todos los Santos Padres hablaron de estos grandes Ángeles, porque entendieron que voces humanas no hacen falta cuando sobran Oráculos Divinos. Es Espíritu Santo tomó a su cargo el ensalzarlos en sus sagrados Libros, y no anduvo escaso en sus alabanzas. Son los primeros Ministros de sus dones, y convenía dar a conocer por sí mismo a la tierra, a quien el  Cielo elogia en sus astros, y escribe de ellos con caracteres de resplandores. Algunos Santos suelen hablar de ellos en sentido alegórico y simbólico; y es que miraron a componer en lo moral a los hombres, sin lo cual no son agradables los Ángeles.  Al sentido literal de las Escrituras no tuvieron que añadir, y más viendo que el mismo Divino Espíritu habló tan claro de estos Ángeles, y se hizo intérprete de ellos cuando de sus símbolos fue necesaria alguna explicación, y así, cuando los nombró: “Armas, y Ojos del Cordero, y Lámparas de su Trono”; prontamente añadió: “Qui sunt septem spiritus Dei” (que son los siete Espíritus de Dios), declarando lo que aquellos símbolos significaban.
 
31. Otros Santos, que profesaron su devoción especial, hablan de ellos mucho en pocas palabras. Los Intérpretes sagrados, a quien se dio luz del Cielo para conocerlos, no acaban de ponderar sus agigantadas prerrogativas. De los testimonios de unos, y de otros escogeré los que bastan para fundar este Heroico asunto, dejando otros muchos por evitar la prolijidad de repetir una misma cosa con voces diversas.
 
32. Clemente Alejandrino dijo hablando de estos Santos Ángeles en el libro sexto de sus Stromas:
 
“Siete verdaderamente son aquellos, en quien reside un sumo poder. Estos son los Príncipes primogénitos de los Ángeles, por cuyo medio preside Dios a todos los hombres y por eso se llaman Ojos suyos en el Apocalipsis.”
 
    33. San Andrés Cesariense entre los SS.PP. uno de los mejores intérpretes del Apocalipsis, dice (S. Andres Cesar. In Capi. I. V.4 buius lib.):
 
“Por estos siete Espíritus se entienden siete Ángeles, a quien es encomendado el gobierno y cuidado de las Iglesias. Estos, aunque de igual poder con el Supremo Numen y augusta Trinidad, se nombran a veces juntamente con ella, como primeros Ministros, y siervos suyos; de lo cual nos da San Pablo un ilustre ejemplo, cuando dice: -Atestiguo delante de Dios, y Jesucristo, y sus escogidos Ángeles-.
 
    34. Arethas Arzobispo, también de Cesarea, sobre el mismo lugar del Apocalipsis, dice:
 
“Algunos entienden por los siete Espíritus siete operaciones del Espíritu Santo, pero es más probable que estos son siete Ángeles, no que sean comprendidos con la Omnipotente Trinidad, ni tengan igual honor con ella, sino que la sirvan, como Ministros suyos.”
 
    35. El mismo Arethas, citando a San Ireneo, dijo:
 
“El grade Ireneo dejó escrito que, desde el principio del mundo creó Dios siete Cielos, y otros tantos Ángeles superiores en excelencia a los demás.”
 
    36. San Cipriano, sobre el texto del primero de los Reyes (S. Cyp. Lib. Adver. Iudaos):“Sterilis septem peperit, &qua pluses habebat filios infirmata est; Dice así: Estos siete hijos son siete Iglesias de donde Pablo escribió a siete Iglesias; y el Apocalipsis pone siete Iglesias, para que ese guarde el número septenario; y así son siete los días, en que Dios hizo el mundo; y son siete los Ángeles que asisten, y conversan delante del rostro de Dios, como Rafael Ángel dijo a Tobías; y las antorchas fueron siete en el Tabernáculo; y los Ojos del Señor siete, como dijo Zacarías, y siete Espíritus, y candeleros en el Apocalipsis; y las columnas siete, sobre las cuales edificó casa la Sabiduría, según Salomón. Hasta aquí San Cipriano, que casi repite lo mismo en el libro de la exhortación al martirio hablando de los siete hermanos Macabeos.
 
    37. El B. Amadeo, en su quinto Rapto, oyó en un himno que cantaban los Ángeles en alabanza de Dios estas palabras: “Hay en el Cielo hombres de más gloria que Ángeles, y Ángeles más gloriosos que hombres. El más bienaventurado es aquel hombre cuya naturaleza, o Dios, te dignaste tomar; después de éste, es tu Madre beatísima; después de esta, los siete Ángeles.”
 
    38. San Alberto Magno dijo, hablando de los Siete Ángeles de las siete trompetas (S. Albert. Mag. Apud Sylv.c. 15. Apoc. q.2, n.10): “Son siete, porque enseñan a predicar los siete dones del Espíritu Santo”.
 
    39. El Padre Doctor Francisco Rivera, que fue Confesor de Santa Teresa, y  de quien le dijo Cristo que era el que en aquel tiempo entendía mejor las Santas Escrituras, dijo (Pat. Riv. Sob. El Apoc. Cap. 1):  “Son estos siete Espíritus siete Ángeles grandes, y entre los demás excelentes en dignidad, a quienes encomendó Dios la salvación de los hombres”.
 
    40. El sapientísimo Salmerón, dice (Sal. Tom. 16. Pv elud. 5. In Apoc.): “Asisten delante de Dios siete principales, y primarios Ángeles, que por orden de Dios, tiene cuidado, y gobierno de todas las cosas; de los cuales uno dijo a Tobías: yo soy Rafael Ángel, uno de los siete que asistimos delante de Dios”.
 
    41. El Venerable Padre Gaspar Sánchez, hablando de los siete ojos de la piedra, de que habla Zacarías Profeta, dice así (Gasp. Sanc. in Cap. 4. Zachar.): “Comúnmente estos siete son tenidos por Ángeles que llevan los mandatos de Dios a las gentes, y cuidan que se ejecuten. Y por eso asisten al Señor, para que estén atentos, y velen sobre su voluntad y gusto. Pero que sean los principales Ángeles, a cuya fe y fidelidad haya cometido Dios la administración de las cosas humanas, lo enseñaron Teólogos, y consta claramente de las Escrituras, donde en el Libro de Tobías dijo el Ángel: Yo soy Rafael Ángel, uno de os siete que estamos delante de Dios.” (Apoc. Cap. 1.8.15.16.17; Tob. Cap. 12).
 
    42. Menochio, sobre este mismo texto, dice: “De los mismos Espíritus hace memoria San Juan en el Apocalipsis, y se llaman siete Espíritus, que están en presencia del Trono de Dios, y son los más excelentes de los demás Ángeles, y adornados de mayor dignidad, lo cual se significa por esta vecindad al Divino Trono. Que por otra razón todos los Ángeles, y todo lo creado, están delante de Dios en cierto modo expeditos, y pendientes de su gusto.”
 
    43. Balinghen dice (Balin. Tom. I in loc. Comun. Strip. Ver. Angel.): “Los Ángeles son armas, y ojos de Cristo, y no todos los Ángeles son apellidados de esta manera, sino solamente aquellos siete, que se llaman Misioneros de Dios, o enviados, a quienes se ha dado el cargo y superintendencia de todos los hombres.”.
 
    44. Cornelio, después de haber referido otras opiniones, concluye así (Corn. In Apoc. C.I. v.4.): “Digo, que estos siete Espíritus son siete primarios ángeles que asisten a Dios como Validos y Grandes de su Reino, dispuestos a ejecutar todos los decretos de Dios, o por sí mismos, o por otros inferiores Ángeles, especialmente el cuidado y administración de los hombres.”
 
    45. Últimamente Escobar (dejando otros muchos) sobre el dicho capítulo del Apocalipsis, dice: “A estos siete Espíritus, como a Ministros de Dios, pide Juan la gracia para la Iglesia, enseñándonos a invocar a los mismos Ángeles de la misma manera, e impetrar de Dios favor por su intercesión.”
 
    46. Siendo tan superior la grandeza de estos Espíritus, que los Santos Padres e Intérpretes los llaman Primogénitos de los Ángeles, inmediatos Ministros de Dios, los Validos, los Grandes de su Reino, los más excelentes de los nueve Coros, los más bienaventurados después de Cristo y su Madre, ¿qué corazón habrá tan torpe e insensible, que ya que no los mire con afecto por atención a sus méritos, no los quiera a lo menos por amor a su conveniencia?. Y más cuando es constante que, en medio de este mar inmenso de sus glorias, viven tan solícitos del bien, y felicidad de los mortales, que tienen, por principal blasón de su dignidad, la dignación en servirlos, y la prontitud en obedecer a Dios por ayudarlos. Por eso, la Santa Iglesia, siguiendo el estilo de las Divinas letras, dijo, hablando de San Gabriel, en su Oficio concedido a la Religión Seráfica, que era: “Unus ex septem Domino que astant Iussa Sequentes” (Uno de los siete Príncipes, que  asisten al Rey del Cielo para obedecer sus mandatos). Ea clamemos a ellos con voces amorosas.
 
    47. Oh Ángeles preciosísimos! Oh Espíritus clarísimos! Oh Ministros vigilantísimos del Rey de todos los siglos! Oh procuradores amantísimos de nuestra salud, sed propicios y favorables al Pueblo Cristiano; sed escudo y fortaleza de nuestros Españoles; sed ojos para el acierto y dirección de nuestra Monarquía; y sed nuestros perpetuos intercesores con la Santísima Trinidad, con Jesús, y con María, para obtener de ellos auxilios, e inspiraciones eficaces para la general reforma de nuestras costumbres, de que depende todo nuestro bien y dicha. Amén.