Noticias Humanas de los siete Espíritus Asistentes
21. Hemos visto la grandeza de estos Espíritus autorizada con las palabras de Dios, y solas ellas bastaban a sacar, de la dureza de nuestra incredulidad, centellas capaces de pegar fuego a nuestros corazones. Con todo eso porque no piense alguno nimiamente escrupuloso, que estas soberanas Inteligencias, y su devoción, viven en alguna región tan impenetrable a la memoria de los hombres que a ninguno de los nacidos ha sido lícito el pisarla, propongo a todos las noticias que dan ellas las Historias humanas, con la devoción, que profesan algunas Naciones de las más políticas del mundo.
 
22. Todas estas noticias recopiló, y escribió no sin cuidado nuestro doctísimo Cornelio a Lapide sobre el Capítulo primero del Apocalipsis al verso cuarto, las cuales trasladaré a la letra fielmente, porque así conviene:
 
<< Es célebre, dice, la memoria de estos siete Arcángeles en Sicilia, Nápoles, Venecia, Roma, y otras ciudades de Italia, donde se ven sus imágenes expresadas primorosamente, y aun de obra Mosaica. De estos Arcángeles salió luz un pequeño libro en Nápoles, año de 1594. En Palermo, Corte de Sicilia, está un Templo dedicado a los siete Príncipes de los Ángeles, en el cual el año de 1516 se hallaron sus antiguas imágenes. El Rector de este Templo, Antonio Duca, Sacerdote de piadosa e inocente vida, repetidas veces amonestado del Divino instinto, vino a Roma el año de 1527, para promover allí su culto, y buscarles, o disponerles, Iglesia. Por lo cual después de muchas oraciones y ayunos, ilustrado de celestial luz conoció que las Termas o Baños de Diocleciano era el lugar de los Siete Espíritus que asisten al Trono de Dios, por haber sido fabricado este soberbio edificio con el sudor y el trabajo de tantos Ángeles corpóreos, cuales fueron cuarenta mil Cristianos, y diez mil mártires condenados por el impío Emperador a esta obra; entre los cuales se aventajaron siete Mártires ilustres que fueron los SS. Ciriaco, Largo Smaragdo, Sisinio, Saturnino, Marcelo Papa, y Thrason, los cuales animaban, y sustentaban con sus riquezas a los Cristianos, que allí trabajaban.
 
    23. De esta revelación, que dos años después, primero en Venecia, y después en Roma, año de 1555, divulgó impresa el dicho Antonio Duca, se hace mención en su sepulcro que está en las Termas delante del Altar mayor. Purgadas pues las Termas, año de 1551, por Philipo Archinto, Vicario general del Sumo Pontífice Julio III, se dedicó aquel lugar a la Santísima Virgen de los Ángeles, rodeada la Señora de siete Ángeles. Y como después por las guerras se hubiese dejado, y aun profanado aquel lugar, otra vez el año de 1555, con otra visión fue significado que, por Divino decreto, estas Termas se debían consagrar en el Templo a honra de los siete Ángeles. Por lo cual, el Sumo Pontífice Pío IV, oídas sus razones y revelaciones, encargó el negocio a Miguel Ángel Bonarota, noble Arquitecto, par que hiciera la planta y la fabricara el Templo en las Termas. Y acabado que fue, el mismo Pontífice, juntando  el Colegio de los Cardenales a 5 de agosto del año 1561, delante de los cardenales y de toda la Curia, y Pueblo Romano, revestido de Pontifical, con oración y Rito solemne, dedicó las Termas en honra de Santa María de los Ángeles, y honró aquella Iglesia con título de Cardenal, y trasladó a ella, de la Iglesia de Santa Cruz en Jerusalén, el Monasterio de Padres Cartujos, y yo las leí. Así también cuenta todo esto el Padre Antonio Espínelo en su tratado de las Fiestas y Templos de la Santísima Virgen (pag. 690); y Octavio Pancirolo en los Tesoros de Roma escondidos, en el Capítulo de Santa María de los Ángeles; y Don Andrés Victorelo en el Libro de los Ministerios de los Ángeles (Cap. 21), donde tan dilatada, como docta y piadosamente, pone los Oficios de estos siete Ángeles. En las mismas Crónicas leí que muchos energúmenos, por la invocación de estos siete Ángeles, fueron en el mismo lugar librados del poder de los demonios. Las efigies de los mismos, a más de otros, que en diversas partes las esculpieron en láminas, lo hizo con singular primor en Antuerpia, Jerónimo Vires, noble Escultor, de suerte que en una imagen estaba representado en lugar primero del Apocalipsis, que habla de estos grandes Espíritus, y a la imagen se puso esta subscripción: “Gratia vobis, & pax ab eo, qui est, & quie erat, & qui veniurus est, & septe Spiritibus, qui in conspectu throni eius sunt.”. Hasta aquí Cornelio >>
 
    24. Cuenta también, que Cristo Señor Nuestro, rodeado de estos siete Ángeles clarísimos, en forma corpórea, se apareció a algunos Santos, y singularmente a San Sebastián al tiempo de su martirio, y lo animó a padecer por su amor, y cercado el Santo de un maravilloso resplandor, hizo que estos siete Ángeles lo cubriesen con un palio blanquísimo, y muy resplandeciente. Así lo atestiguan los Actos de San Sebastián, escritos fiel y verdaderamente por los Notarios de Roma, los cuales citan, y aprueban, Adon, Vsuardo, Baronio, y otros.
 
    25. Refiere asimismo Cornelio, que los nombres de estos Ángeles (de que hablaré en la tercera parte) son Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Sealtiel, Jehudiel, Barachiel, los cuales fueron revelados al Beato Amadeo, varón ilustre en santidad, milagros y profecías, como consta y leyó en las Crónicas citadas de Santa María de los Ángeles, lo cual sucedió el año de 1460. Lo propio afirma Pedro Galatino (Pedro Gal. Lib. 2. In Apoc. Cap. 8.). Fue este Amadeo de ilustre familia en Portugal, el cual encendido de amor de Dios, desprecio todas sus riquezas y estados, y por aviso de San Francisco abrazó su Orden e instituyó la reforma, que llaman los Amadeos, de donde los Portugueses le nombran el Beato Amador, y los Italianos, Beato Amadeo. A éste escogió Sixto IV por su Confesor, y le dio en Roma el Monte Aureo, vulgarmente dicho Montorio, a donde le tiene por cierto que fue crucificado San Pedro, y allí edificó un Monasterio de su Orden.
 
    26. Los mismos nombres trae Salmerón (Salm. Tom. 3, Trat. 3), y los aprueba, y hace mención del Templo antiguo de estos Ángeles en Palermo, y del de Santa María de los Ángeles en Roma; y Lorenzo Maselio (Lor. Mas. Lib. 3. De B. Virgini Cap. 5), y el Padre Antonio Espinelo Provincial de Nápoles; quien escribió de los siete Príncipes de los Ángeles un tratado muy erudito, que no sacó a la luz, por haberle prevenido la muerte. Guardase manuscrito en Nápoles.
 
    27. Los mismos nombres se ven en las imágenes antiguas, que se hallaron en su Templo de Palermo el año de 1516, de cuya invención se menciona en el Martirologio del Reino de Sicilia por estas palabras: “Panormi inventio imaginis Sanctorum septem Angelorum”: a veintinueve de septiembre en Palermo la invención de la imagen de los Santos siete Ángeles. Y cada nombre tiene su epíteto, y cada Ángel su particular insignia. De lo cual movido el Señor Hector Pignatelli, Conde de Monteleón y Virrey de Sicilia, por el invicto Emperador Carlos V, renovó y adornó este Templo, e instituyó en él la Congregación que llamó Imperatoria, compuesta del Senado de Palermo y de muchos ciudadanos de la primera nobleza, a honra de los siete Príncipes de los Ángeles, cuyo Patronato aceptó gustoso en nombre del Señor Carlos V, para que asistido el Emperador de su favor y patrocinio, gobernase con acierto y felicidad en aquella ciudad, y todo el Reino de Sicilia.
 
    28. Los obsequios y devociones de los Santos padecen a la veces en la tibieza de los espíritus humanos, sus deliquios, como el Sol, la Luna, y otros planetas sus elipses, hasta que una especial misericordia del Señor dispone suavemente que resuciten y salgan a la luz otra vez, como de en medio de las sombras del sepulcro, para tomar motivo de al de favorecer a los mortales, que con continuas ofensas provocan su ira. Así ha sucedido a esta noble y hermosa devoción en diferentes tiempos. Quiera su Divina Majestad hacer florezca nuevamente en nuestros Reinos, como el Amaranto en la república de las flores, siempre eterna, siempre fragante.
 
    29. Concluyo la narración de este Capítulo con la exhortación de nuestro sapientísimo y devotísimo Cornelio al culto de estos Príncipes, que dice así: “Por lo cual importa mucho que los Pastores de la Iglesia, y los fieles todos (imitando el ejemplo de San Juan, que pide a estos siete Espíritus la gracia, y la paz para las siete Iglesias de Asia), con especial culto frecuentemente veneren, reverencien, e invoquen a estos siete Arcángeles, como a Príncipes del Palacio del Cielo, Presidentes de todas las Iglesias, Ministros inmediatos de Dios, y Medianeros, y Prepósitos de los hombres.”